Zapatero a tus zapatos

El otro día me tuvieron que sacar de las pistas de esquí en ambulancia. Para mi vergüenza no fue por un aparatoso accidente, que podría haber sido ya que mi audacia supera mi destreza, sino porque me vi aquejado de un súbito lumbago al levantarme malamente de una tumbona al sol donde me había tomado el bocata y la cerveza de media mañana. Me bajaron al centro de urgencias donde el médico especialista, tras comprobar que no había sufrido un traumatismo y al decirle que estoy operado de una vértebra, dedujo que lo mío era un simple lumbago, me inyectó un potente antiinflamatorio que me dejo como nuevo, pero me dijo que en cuanto estuviese de vuelta me pusiese en contacto de inmediato con mi neurocirujano, “por si acaso”. Esto no me hizo dudar de sus conocimientos ni de su profesionalidad, sino todo lo contrario: me pareció persona seria y prudente, lo que todos esperamos de un profesional competente.

Una de las cosas que más llama la atención en los cursos o sesiones que he comenzado a dar sobre el Código Ético de los REALTORS® es que no se puede asesorar sobre algo que se salga de tu especialidad sin advertir antes a tu cliente, y sin recomendar que se ponga en manos de un especialista. Esto puede entrar en el terreno de lo subjetivo, cuando hablamos de si podemos asesorar a quien quiera comprar o vender una propiedad de un tipo o situación en las que no tengamos experiencia previa, como una nave industrial, una finca de explotación agraria, un castillo medieval… Seguramente no, o no debemos hacerlo sin buscar la ayuda de alguien con la experiencia necesaria, y siempre advirtiendo al cliente.

Recientemente he mantenido algunas discusiones en redes sociales con profesionales que mantienen como norma resolver personalmente todos los problemas de sus clientes. Salvo que seamos abogados, economistas, expertos fiscales, arquitectos, etc. es imposibles que eso sea así. Con el temor de quedar mal si reconocemos nuestras limitaciones, y un concepto equivocado de como ganarnos mejor el respeto de nuestro cliente, nos metemos en camino de once varas y de forma imprudente aconsejamos en cosas para las que no estamos preparados, pasamos por alta cosas que pueden traer consecuencias inesperadas, o damos importancia y enredamos cosas que podrían tener soluciones sencillas. Hay cosas técnicas o jurídicas que tenemos que saber valorar: debemos saber cuándo no revisten importancia y cuándo hay que buscar la ayuda de un profesional especializado, ya sea la de un arquitecto en el caso de una grieta o una humedad, o la de un abogado si hay una cláusula o una carga compleja, una rescisión o unas arras a revocar, etc.

El Inmobiliario demuestra poco aprecio a su profesión si para valorarla siente que debe invadir el terreno de otras profesiones colindantes. Si pensamos que un abogado o un arquitecto no tiene los conocimientos necesarios para asesorar la compraventa, ¿porqué nosotros si podemos invadir sus competencias? Respetemos y nos haremos respetar.

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